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La causa humanitaria y ambiental de Bitcoin

¿Puede Bitcoin reducir la corrupción en el asistencialismo, ayudar a terminar la dependencia e impulsar a la energía renovable en los mercados emergentes? 

Bitcoin es típicamente considerado como una inversión y una innovación estrictamente financiera.

Pero ¿qué pasaría si algunos de sus mayores impactos a lo largo del tiempo terminan siendo en los ámbitos humanitarios y ambientales?

Este ensayo explorará algunos de los mayores desafíos en el ámbito del desarrollo internacional y argumentará que los donantes deberían considerar los pagos usando Bitcoin y a la minería como herramientas para reducir la corrupción, disminuir la dependencia y ayudar a la energía renovable a superar los obstáculos de adopción a lo largo del mundo. 

En su audaz ensayo de 2010 “Distribuidores de limosna«, Philip Gourevitch cuenta la historia de la asistencia. Esta industria, escribió, nació en gran parte en 1968 tras la compasión occidental provocada por la hambruna televisada de niños en la provincia separatista de Biafra, Nigeria. El impulso por ayudar a aquellos menos afortunados en el mundo alrededor nuestro se ha convertido en una vasta industria de ayuda exterior de 200 mil millones de dólares

Los 22 gobiernos más ricos proveen aproximadamente un 60% de esa suma, y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), empresas y fundaciones financian el resto. Alrededor de un tercio de la ayuda gubernamental exterior se clasifica como asistencia para el desarrollo, otro tercio como ayuda humanitaria y el resto como apoyo militar o de seguridad. En total, en las últimas seis décadas, más de 4 millardos de dólares fueron enviados como ayuda desde países ricos hacia países más pobres.

Esta es una suma asombrosa y, a simple vista, una demostración aparentemente impresionante de altruismo. Figuras públicas como Jeffrey Sachs y Peter Singer argumentan que ayudar es un imperativo moral. Pero no todos concuerdan con el impacto general. Como Gourevitch pregunta: “¿Contribuye la industria moderna humanitaria a crear el tipo de miseria que se supone que debe corregir?”

Al final, él le da crédito al humanitarismo por hacer el bien. Pero hay tres fallas notables en el desarrollo internacional que le impiden completar plenamente su misión:

En primer lugar, la ayuda usualmente es dirigida y distribuida a través de los gobiernos locales. En este punto, estos regímenes a menudo autocráticos desvían una parte de los fondos o bienes a sus compinches o tropas, o desarrollan redes de patrocinio. Cuando la ayuda no es totalmente robada, los montos se van recortando en cada punto a lo largo del camino hacia el destinatario. Significativos porcentajes de la ayuda son extraídos por intermediarios a medida que esta viaja desde Washington o Bruselas hacia agricultores o refugiados de alrededor del mundo.

En su crítica, Gourevitch escribió que hay una “decadencia profunda de un humanitarismo que pagó impuestos de guerra de entre quince por ciento del valor de la ayuda que entregó (en la Liberia de Charles Taylor) a ochenta por ciento (en el territorio de algunos señores de la guerra somalíes), o que efectivamente proporcionó la infraestructura logística para la limpieza étnica (en Bosnia)”. 

En segundo lugar, a menudo la ayuda es estructurada de una forma tal que crea dependencia. Desde zapatos siendo arrojados desde un helicóptero solo para arruinar la demanda de la producción local, hasta naciones enteras cuya comida e industrias de bienes básicos han sido destruidos por la competencia de alternativas libres que dependen permanentemente de las importaciones del exterior, en ocasiones la ayuda ha obstaculizado la independencia económica y política que conocen los gobiernos y los ciudadanos en lugares como Estados Unidos, Francia o Japón.

Gourevitch describe a las “economías innobles que son alimentadas y creadas por la ayuda: la competencia por contratos, incluso para proyectos que todos saben que no son recomendables, las formas en que la ayuda trastorna los mercados locales de bienes y servicios, fortaleciendo a los guerreros y creando crisis completamente nuevas para sus víctimas”.

Un tercer problema relacionado es que la asistencia no es suficiente para ayudar a las comunidades y a las naciones en desarrollo a convertirse en energéticamente independientes, porque pocas veces hay un camino claro hacia la sostenibilidad económica para las granjas de energía renovable, cuyos puntos de cosecha a menudo están lejos de los centros de población y carecen de infraestructura de red.

 

¿Puede Bitcoin ayudar al humanitarismo a superar estos tres desafíos?

Por un lado, parece obvio cómo esta nueva moneda digital puede ayudar a conectar a los donantes con los destinatarios, de par a par, que no puede ser frenada y podría reducir significativamente la corrupción del “intermediario”.

Por otro lado, y de un modo que aún debe ser discutido ampliamente, parece posible que financiar la minería de Bitcoin, al contrario de otras formas de asistencia, podría realmente ayudar a que las comunidades y naciones se liberen de la dependencia hacia potencias extranjeras y a expandir la electrificación.  

 

I. Eliminar al intermediario

La gran mayoría de la ayuda proviene de los gobiernos e individuos de occidente y es enviada hacia o a través de gobiernos en mercados emergentes. Muchos de estos gobiernos son corruptos o autoritarios, y ellos son los que deciden cómo distribuir la ayuda. Existen algunos esfuerzos que son más de par a par, como GiveDirectly, pero en general, la oportunidad para la reforma – y para que los donantes y filántropos envíen ayuda directamente a las comunidades y personas necesitadas – es enorme.

Hoy en día, cuando se brinda asistencia, esta pasa a través de una cadena de terceros. Según los eruditos, “la historia de la ayuda extranjera ha estado inextricablemente vinculada a la corrupción”. Los informes sugieren una “tasa de fuga” de 15% de la ayuda destinada a las naciones más pobremente afligidas, y que “una gran proporción de la ayuda monetaria nunca llega al país en desarrollo”. En un estudio reciente se encontró que “casi tanto como un sexto de la ayuda extranjera destinada a los países más pobres del mundo fluyó hacia cuentas bancarias en paraísos fiscales propiedad de élites”. En 2012, el entonces secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon dijo que “la corrupción evitó que 30% de todas las asistencias para el desarrollo llegaran a su destino final”. A modo de ejemplo, en un estudio de Oxfam, los investigadores pudieron verificar que solo 7% de los 28 millones de dólares que Estados Unidos destinó para Ghana llegó realmente a su destino entre 2013 y 2015.

En su libro “Ayuda Muerta” (Dead Aid), la economista zambiana Dambisa Moyo argumentó que la asistencia extranjera en realidad puede entorpecer el crecimiento y, en algunos casos, hace más para llenar los bolsillos de los burócratas que para mejorar la vida del ciudadano medio de manera sostenible. Además, la asistencia puede encender un círculo de retroalimentación negativa generando mayor desperdicio, como cuando los gobiernos destinatarios son “demasiado débiles o desaprensivos para manejar los recursos de ayuda, los donantes deben dedicar una cantidad extraordinariamente alta de recursos a la supervisión y los controles”. Incluso cuando los trabajadores de la asistencia son honestos, muchas veces se encuentran atascados, incapaces de reclamar por la corrupción por miedo de ser expulsados del país en el que están trabajando por figuras de poder locales. Esto resulta en una “ausencia histórica de apertura sobre problemas entre las agencias de ayuda en temas de corrupción”.  Muchos gobiernos, desde Myanmar hasta Venezuela, han actuado como un bloque, usando su control sobre la frontera y los sistemas financieros para evitar la ayuda hacia sus ciudadanos, por miedo a que pueda rescatar o fortalecer a los grupos opositores.

Pero el humanitarismo podría hacerse de forma más directa.

A modo de ejemplo personal, alguien contactó a este autor hace unos pocos meses, al inicio de la revolución en Myanmar. Ellos querían brindar ayuda al movimiento democrático, pero el sistema bancario estaba prácticamente bloqueado, no había una forma sencilla de transferir dólares. Luego de hacer algunas averiguaciones, fuimos presentados a un trabajador humanitario convertido en activista, quien además era usuario de Bitcoin. Él fácilmente podía aceptar una donación, guardarla en BTC y luego venderla en mercados de par a par cuando necesitara cambiar la colapsada moneda local kyat por bienes. Se envió una dirección a través de Signal, y se hizo un obsequio en apenas minutos. Sin barreras, sin intermediarios, y sin posibilidad de corrupción en el camino. Este pequeño ejemplo es un vistazo de lo que podría deparar el futuro. 

La clave de Bitcoin como una exitosa vía de pago humanitaria es la liquidez local (para que los destinatarios puedan cambiarlo fácilmente a dinero fiduciario cuando sea necesario) o economías circulares. La primera se ha expandido dramáticamente a lo largo del mundo en los últimos años, y la segunda aún se encuentra en construcción.

Hoy en día, si quieres apoyar un proyecto humanitario en cualquier país del mundo, desde Irak hasta Senegal, todo lo que se necesita es que el destinatario tenga un teléfono inteligente. A partir de allí, ellos pueden recibir bitcoin directamente en una aplicación gratis y de fuente abierta como ser Muun o Blue wallet, y luego, cuando sea necesario, convertirlo en dinero fiduciario a través de mercados de par a par como Paxful, LocalBitcoins o canales informales de Telegram.

Donaciones, ayudas o remesas pueden ser enviadas a personas en El Salvador, por ejemplo, con ayuda de Strike. La plataforma alimentada por Lightning Network -desarrollada por Jack Mallers, Rockstar Dev y otros – se convirtió, apenas tres semanas después de ser lanzada, en la aplicación número uno de finanzas, la aplicación principal número uno y la aplicación general número uno en el país. Este crecimiento fue impulsado por la economía y comunidad circular “Bitcoin Beach”, que está ahora teniendo efectos secundarios y provocando otras comunidades nacientes, no solo en El Salvador sino incluso en países vecinos como Guatemala.

La idea de Strike como una herramienta humanitaria es muy prometedora. Cualquier estadounidense, por ejemplo, podría obtener fondos en la red Lightning con su tarjeta de débito, entregados en bitcoin al instante, con liquidación final en cualquier parte del mundo, directamente al teléfono del destinatario. Impulsar la red Lightning, que tiene tarifas mínimas, se liquida instantáneamente y apenas tiene huella energética, parece una forma especialmente prometedora para seguir en el futuro, especialmente en un mundo donde los procesadores de pagos actúan como intermediarios en busca de rentas, rozando de 2% a 5% por regalos en línea.

Por último, uno de los mayores obstáculos para el desarrollo internacional efectivo ha sido el hecho de que hay muchos intermediarios entre el donante y el destinatario. A menudo, los intermediarios son gobernantes cleptómanos, o corporaciones explotadoras y monopólicas. Con Bitcoin, existe un nuevo modelo para eliminar directamente este lío y poder así conectar a los otorgantes y beneficiarios de forma directa.

 

II. La sociedad extractiva

En su libro “Por qué las Naciones Fallan” (Why Nations Fail), los economistas Daron Acemoglu y James Robinson dividen al mundo entre dos tipos de sociedades: las inclusivas y las extractivas.

Las sociedades inclusivas, como Corea del Sur o Estados Unidos, “son aquellas que permiten y alientan la participación de la gran masa de gente en actividades económicas que hacen mejor uso de sus talentos y habilidades y que permiten que los individuos puedan tomar las decisiones que desean”.

Esto contrasta con las sociedades extractivas, las cuales dependen de instituciones políticas absolutistas para su supervivencia.

“Las instituciones políticas inclusivas, que confieren poder en términos generales, tenderían a desarraigar a las instituciones económicas que expropian los recursos de la mayoría, erigir barreras de entrada y suprimir el funcionamiento de mercados que solo beneficia a unos pocos”, pero en las sociedades extractivas, aquellos que tienen el poder son capaces de contraatacar estar fuerzas y “enriquecerse ellos mismos y aumentar su poder a expensas de la sociedad”.

En términos generales, la asistencia fluye desde sociedades inclusivas hacia las extractivas. Acemoglu y Robinson contaron la trágica historia del Congo, el cual sufrió durante siglos bajo instituciones altamente extractivas. Desde el Reino de Kongo hasta el reinado genocida del Rey Leopoldo, y desde el último estadío del colonialismo belga hasta la dictadura de Mobutu y las actuales guerras por los minerales raros, los poderes de las elites y los extranjeros han saqueado los vastos recursos naturales del país, extrajeron ganancias increíbles, destruyeron el medio ambiente y diezmaron a la población.

Mobutu, por ejemplo, poseía un palacio con un aeropuerto lo suficientemente grande como para aterrizar un jet Concorde (el cual rentó para volar ida y vuelta a París), compró castillos a lo largo de Europa e incluso poseía grandes tratados de Bruselas. Mientras tanto, los ciudadanos congoleses bajo su reinado sufrían hiperinflación, una pobreza miserable, violencia rampante y una casi completa falta de electricidad consistente.

“La República Democrática del Congo”, escribieron Robinson y Acemoglu, “permanece pobre porque sus ciudadanos aún carecen de instituciones económicas que generen los incentivos básicos que hacen próspera a una sociedad. El poder político continúa estando estrechamente concentrado en las manos de una elite que tiene poco incentivo en ayudar a la gente”.

Fundamentalmente, la asistencia no cambia esto y, a veces, promueve el apoyo a los opresores que, en primer lugar, reducen a su población.

¿Qué pasaría si un nuevo tipo de ayuda humanitaria pudiera romper este modelo de dependencia en lugar de incitarlo?

 

III. Un impulso para la independencia

Miles de millones de personas en naciones en desarrollo enfrentan el problema de la energía varada. Para lograr que sus economías crezcan, ellos tienen que expandir su infraestructura eléctrica, una empresa compleja que requiere mucho capital. Pero cuando ellos, con la ayuda de asistencia externa o inversión, construyen plantas energéticas para intentar y capturar energía renovable en lugares remotos, muchas veces la energía no tiene a dónde ir. 

En muchos países de África, por ejemplo, existen vastos recursos solares, eólicos e hídricos. Estas fuerzas podrían dirigir la actividad económica, pero las comunidades locales y los gobiernos usualmente carecen de los recursos para invertir en la infraestructura que daría el puntapié inicial al proceso. 

Los donantes extranjeros y los inversores no están interesados en apoyar proyectos que no tienen un camino a la sustentabilidad o ganancias. En ausencia de sólidas líneas de transmisión para llevar energía desde los puntos de cosecha hacia los centros poblacionales, los constructores de plantas eléctricas podrían tener que esperar años antes de funcionar sin subsidios extranjeros.

Aquí es donde Bitcoin podría generar un cambio en el juego de los incentivos. Nuevas plantas de energía, no importa qué tan remotas, pueden generar ganancia inmediata, incluso sin líneas de transmisión, al dirigir su energía a la red de Bitcoin y así transformar la luz solar, el agua o el viento en dinero.

A medida que las autoridades locales o los consumidores se vinculan gradualmente con la planta eléctrica, y están dispuestos a pagar más por la energía de lo que los mineros pueden afrontar, la carga de Bitcoin se reduce y las comunidades pueden crecer. De esta forma, la actividad económica y las redes renovables pueden impulsarse con la minería de Bitcoin. Y la ayuda internacional podría proveer la chispa iniciadora. 

Para saber cómo, el autor habló con el minero de Bitcoin Seb Gouspillou.

 

IV. Minería de Bitcoin en El Congo

En 2014, la Unión Europea ayudó a financiar una planta hidroeléctrica de 15 megawatts (MW) en una pequeña tribu del Río del Congo en la República Democrática del Congo (RDC). La instalación está anidada en lo que es, después del Amazonas, la segunda selva tropical más grande del mundo. Pertenece a y es operada por el Parque Nacional Virunga, el cual tiene como objetivo preservar miles de especies de animales y plantas incluyendo al Gorila de la Montaña, especie amenazada, así como apoyar a las cinco millones de personas que viven cerca de las fronteras del parque.

El sueño de los parques hidroenergéticos como este es prometedor. Como escribió The New York Times en un perfil de 2017, estas plantas energéticas en Virunga “pueden salvar un parque, y ayudar a un país”.

Pero, como es típico, debido a la dificultad en la construcción de la red, la administración del parque no ha sido capaz de usar todo el poder de inmediato. En 2020 se decidió empezar a minar Bitcoin con el superávit de energía.

Usualmente, generar ganancia de inmediato desde una planta energética remota en las montañas, junglas o desiertos es casi imposible, porque la energía puede no conectarse inmediatamente con los clientes. Pero con Bitcoin, la instalación puede generar renta aún sin líneas de distribución o demanda local. Goudpillou dijo que las minas hídricas, y los otros proyectos de su compañía, como las granjas solares en Sudáfrica, son buenos ejemplos de este mecanismo en acción.

A medida que aumenta la demanda local, sus mineros se irán apagando. Esto funciona debido al mercado energético: los mineros de Bitcoin necesitan precios en el rango de 2 a 5 centavos por kilowatt (kw) para ser rentables. Pero prácticamente cualquier otro usuario de electricidad pagará más: de 5 a 6 centavos/kw para usuarios industriales y entre 10 y 15 centavos/kw para usuarios residenciales en naciones en desarrollo, y asombrosamente en un rango de hasta 20 y 40 centavos/kw en África. Si alguna vez existe competencia por la energía que los mineros de Bitcoin están comprando, los mineros apagan sus máquinas, quizás para volver a encenderlas luego como una respuesta en tiempo real a las cargas de la red. Esta relación es poco entendida para muchos, llevando al supuesto popular, pero incorrecto, de que Bitcoin está “derrochando” energía que podría ser usada para otros proyectos.

La empresa de Gouspillou construyó y opera la instalación de minería de Virunga — que se ve en videos como contenedores de computadores en el medio de la jungla — y ellos capacitaron personal local, quienes ejecutan las operaciones diarias. La granja se conecta a través de internet satelital con las agrupaciones mineras, y la empresa deposita la participación del parque en la renta de bitcoin directamente en su cuenta online de forma continua.

Esta es una nueva vida económica para el parque, el cual según Gourpillou solo recibe alrededor de 100.000 dólares por año de parte del gobierno del Congolés, pero tiene un presupuesto operativo mensual de alrededor de un millón.

Existe otro proyecto hídrico en Virunga, una represa de 30MW, en otro río cercano, que será financiado por la Unión Europea. Esta vez, el parque ya está planeando usar parte de esa energía para la minería de Bitcoin como un puente. Eventualmente, esos diques podrían ser el sostén de millones de personas que viven alrededor del territorio del parque, y constituye un “esfuerzo ambicioso no sólo para proteger Virunga — el parque Nacional más antiguo de África — de amenazas incluyendo rebeldes armados, deforestación y buscadores de petróleo, sino para impulsar la economía local y potencialmente ayudar a estabilizar una de las zonas más conflictivas del mundo”. 

Hoy en día, cientos de millones de personas todavía viven sin acceso a redes eléctricas, y la mayoría viven en el África subsahariana. En 2019, solo el 8,7% de la población congolesa tenía acceso. Los números son similares en Sudán del Sur, Somalia, Liberia, Sierra Leone, Chad, Nigeria, Malawi y la República Central de África, con solo unos pocos gobiernos del continente africano capaces de proveer electricidad a más del 50% de su población. En países como el Congo, la electrificación se expande a un ritmo más lento que el crecimiento poblacional. 

Tradicionalmente, los ciudadanos sin electricidad talan árboles para obtener carbón vegetal y así poder cocinar sus comidas, liberando cantidades significativas de carbón a la atmósfera. La quema de biocombustibles para cocinar y calefaccionar es también una causa principal de la contaminación del aire interior alrededor del mundo, generando 1,6 millones de muertes por año, la mitad de las cuales son de niños menores de cinco años. Pero si la minería de Bitcoin puede servir de puente para ayudar a subvencionar e incentivar el uso de más energía hidroeléctrica, podría ser un proyecto valioso para que los humanitarios apunten a ayudar a detener la deforestación, proteger el medio ambiente local y empoderar a la gente. Según el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, el Congo “tiene el potencial para convertirse en el granero de todo el continente africano”.

Una investigación de Naciones Unidas establece que llevar electricidad a aquellos que carecen de ella requiere “aumentar el financiamiento privado e incentivos políticos y fiscales adecuados para estimular el desarrollo más veloz de nuevas tecnologías”. 

Bitcoin bien podría ser un mecanismo para ayudar a alinear incentivos y generar más electricidad y agricultura para una parte del mundo que está subdesarrollada y depende de importaciones. 

Existen distintos modelos de cómo la asistencia podría funcionar en este escenario. En un modelo “menos maduro”, se le podría pagar a una compañía como BigBlock de Gouspillou para manejar todo y simplemente llevar una participación de las ganancias a un socio local. En un modelo “más maduro”, ellos podrían ser contratados solo para manejar la configuración y capacitación, y dejar todo lo demás para que lo ejecuten las autoridades locales. En el último modelo, uno puede empezar a ver cómo podría crecer la economía inclusiva.

De esta forma, la ayuda humanitaria podría fortalecer las comunidades locales e impulsarlas para que tengan el control sobre su propio destino, haciéndolas más productivas y soberanas. Existen ya muchos proyectos de este estilo para brindar electricidad a comunidades pequeñas alejadas de los centros poblacionales a lo largo de África, dijo Gouspillou, y la minería de Bitcoin puede hacer que estos proyectos sean más rentables y efectivos. ¿Qué pasaría si la Fundación Gates o la Unión Europea, por ejemplo, anunciara [un fondo de] 100 millones de dólares anuales para financiar la minería de Bitcoin en África? Con la innovación continua en la conectividad a internet por satélite, monetizar las fuentes de energía en regiones remotas se vuelve más irresistible con el paso del tiempo.

Gouspillou dijo que, en su Francia nativa, la red es aún 70% nuclear, un legado de la visión de Charles de Gaulle por la independencia energética. Pero nada de esto es utilizado para minar Bitcoin, algo que Gouspillou considera un grave error. Él estimó que si solo 2% de la producción del sistema nuclear fuera directamente hacia la minería de Bitcoin, podría ser suficiente para superar las recientes dificultades financieras de la compañía eléctrica estatal y ponerla de nuevo al ruedo. Durante los veranos y por la noche, hay menos demanda en la red, pero hoy en día esa energía no se utiliza. Gouspillou afirma que esos momentos serían ocasiones perfectas para flexionar en la minería de Bitcoin. Pero según él,las autoridades son despistados, y él pierde el sueño pensando en estas oportunidades desaprovechadas. 

Para tal fin, Bitcoin eventualmente podría jugar un rol significativo en ayudar a incentivar la energía nuclear. Docenas de países con mercados emergentes están explorando la energía nuclear como una forma de alcanzar la independencia energética. Pero según la Asociación Mundial Nuclear, el tamaño de sus sistemas de red es un asunto mayor ya que “muchas plantas nucleares eléctricas son más grandes que las centrales de combustible fósil que se suplementan o reemplazan”. Pero de nuevo, con Bitcoin, cualquier excedente de energía puede ser dirigido a la minería hasta que las comunidades de la planta se pongan al corriente. La idea de usar Bitcoin para aprovechar las restricciones energéticas es válida también para los países desarrollados, por supuesto. Alemania, por ejemplo, se ha hecho famosa por crear más energía eólica que la que puede usar.

Una casi completa indiferencia por Bitcoin es crónica a lo largo de todo el espacio de desarrollo internacional, el cual hasta este punto no ha notado o ignora el potencial de esta moneda para reducir la corrupción e impulsar la actividad económica. Muchos humanitarios han sido víctimas del espejismo de las narrativas “Cadena de bloques (blockchain), no Bitcoin”, lo que ha desperdiciado cientos de millones de dólares.

La historia francesa se desarrolla en una visión mucho más deprimente en todo el mundo en desarrollo, donde muchas naciones tienen abundantes recursos eólicos, solares, hidroeléctricos e incluso de uranio, pero carecen de la infraestructura de red y la concentración de la demanda para aprovecharla. Gouspillou ve la minería de Bitcoin, impulsada por filántropos o inversionistas, como la forma de poner en marcha todo esto.

Hoy, solo 4% de la población mundial tiene el privilegio exorbitante de crear la moneda de reserva global. Pero en un futuro potencial en el que Bitcoin es esa moneda de reserva, la minería, usando fuentes renovables, podría ayudar a empoderar a cualquier nación para ganar directamente la base futura del dinero del mundo. Y esto podría proporcionar un incentivo masivo para continuar la expansión y la innovación en los sistemas de energía renovable. «Esto», dijo Gouspillou, «es el sueño hermoso «.

 

V. Evitando trampas

Si las organizaciones humanitarias, fundaciones y oficinas extranjeras pudieran apoyar las operaciones de minado de Bitcoin en sitios de energía renovable, esto podría poner en movimiento la actividad económica sustentable a nivel local.

Consideremos cómo en Noruega, el Fondo de Riqueza Soberana, respaldado por el petróleo, ha financiado algunas de las mejores condiciones de vida del mundo.  ¿Podrían Sudán y Etiopía, con masivos recursos solares y eólicos impulsando la minería de Bitcoin y una creciente red eléctrica, ser Noruegas en el futuro? 

Por supuesto, un final color de rosas está lejos de estar garantizado. Aún permanecen los mayores obstáculos dados por autoridades locales corruptas y corporaciones extranjeras explotadoras.

Una forma de neutralizar esta amenaza sería que los donantes internacionales posicionen los proyectos de minería de Bitcoin como oportunidades de impulso económico, donde estipulan que parte de las ganancias se destinarán a las microfinanzas o capital de riesgo para formar negocios locales. Si las principales fundaciones y gobiernos pueden hacer cumplir estas condiciones en sus acuerdos al establecer infraestructura minera renovable, podrían tener un impacto duradero.

Incluso desde el lado con fines de lucro, hay una posibilidad de que mineros extranjeros puedan operar de una forma no extractiva. Ellos pueden ser contratados para configurar las operaciones y capacitar a personal local, dejando parte o toda la ganancia en manos de la región. La población podría entonces absorber riqueza de fuentes renovables, en lugar de verla escabullirse hacia tierras extranjeras, como a menudo sucede. De esta forma, de ahora en adelante, invertir en pagos en Bitcoin y minería puede ser una convincente narrativa de gobierno corporativo, ambiental y social.

Un desafío mayor para Bitcoin es cómo evitar el futuro del oro, que como moneda de reserva histórica fue saqueada por potencias coloniales en lugares como el Congo. Más tarde, los Estados Unidos custodiaron el oro dentro de sus fronteras a través de la Orden Ejecutiva 6102 y, finalmente, luego de los acuerdos de Bretton Woods, centralizaron mucho del oro retenido por otros gobiernos. Esto ayudó al presidente Nixon en 1971 a sacar, esencialmente, al oro fuera del sistema monetario y neutralizar sus efectos restrictivos en los gastos de guerra. Entonces, ¿qué se necesita para evitar que este tipo de explotación y captura le suceda a Bitcoin si se está extrayendo en sitios renovables en países en desarrollo?

Satoshi Nakamoto eligió el 5 de abril como su cumpleaños, que fue el día en que la Orden Ejecutiva 6102 tuvo efecto en 1933. Bitcoin fue diseñado para ser específicamente resistente a este tipo de captura. Debido a que, por sus propiedades y los incentivos políticos que genera, sería difícil para un gobierno poder controlar la minería de todo el mundo y, a nivel nacional, sería imposible poder detener su uso por parte de los ciudadanos de forma efectiva.

Después de todo, Bitcoin es invisible, puede teletransportarse desde un extremo del planeta al otro en apenas minutos, es programable, fácilmente divisible y su poder de gasto puede ser fácilmente almacenado en una variedad de formas y formatos por individuos, haciéndolo altamente resistente a la confiscación. 

El oro y otras materias primas carecen de estas cualidades, y muchas veces han ayudado a conducir sociedades extractivas. Quizás los atributos más abiertos y sin permisos de Bitcoin pueden ayudar a conducir al mundo hacia una dirección más inclusiva. 

Un obstáculo final es que actualmente una enorme industria de asistencia global se basa en impulsar sociedades que no pueden sostenerse a sí mismas. Esto puede sonar cínico, pero ¿pueden realmente las grandes fundaciones y agencias gubernamentales ayudar a reducir la burocracia, la corrupción y la dependencia a través de Bitcoin, si ellos mismos se benefician de ello?

A pesar de los cientos de miles de millones de dólares invertidos cada año en desarrollo internacional para mejorar las vidas de los más vulnerables, mayores obstáculos permanecen. 

Este ensayo ha examinado cómo la corrupción de los intermediarios y la dependencia forzada afectan la industria humanitaria, y cómo la falta de infraestructura impide que los mercados emergentes puedan capitalizar los recursos de energía renovable. Para todo aquél interesado en superar estos desafíos, vale la pena considerar a Bitcoin como una herramienta de cambio humanitaria y ambiental.

Ya sea como resistente a la corrupción, una vía de par a par para transferir fondos en el exterior, como una chispa para la independencia económica, o un subsidio para la electrificación soberana renovable en países en desarrollo, el impacto de Bitcoin en el futuro humano por fuera de las áreas tradicionales de finanzas e inversión recién está comenzando a ser entendido. 


Este artículo fue traducido por Natalí Attiná. Consulta la versión en inglés en la Fuente Original.


Sobre el Autor

  • Director de Estrategia de la Human Rights Foundation. También ha sido Vicepresidente de Estrategia del Foro de la Libertad de Oslo desde su creación en 2009. Ha dado charlas en universidades que van desde el MIT hasta Stanford, ha informado al Parlamento Europeo y al Departamento de Estado de EE.UU., y es profesor de la Singularity University y asesor de Blockchain Capital, una empresa líder en el sector de las tecnologías financieras. Con frecuencia habla y escribe sobre por qué Bitcoin es importante para la libertad, y es coautor de "The Little Bitcoin Book" en 2019.